jueves, 25 de febrero de 2010

Amar y perdonar se convierten en la pareja perfecta


Piensa en cuanto eres capaz de perdonar y tendrás la medida perfecta de cuanta capacidad tienes de amar. Es común escuchar a las personas decir “Yo perdono pero no olvido”. Es extraño. Porque que al recordar, sin duda vas a revivir el dolor que te han causado y lo más probable que vuelvas a sentir rabia, impotencia, rencor, dolor.

El perdón va de la mano con el amor.

¿Para qué perder el tiempo en lo que ya pasó? ¿Quién sufre más?
¿Ese ser humano que cometió el error de herirte?, lo más probable es que ni siquiera tiene conciencia de haberte causado tristeza, por lo tanto, ni lo recuerda. Y si está consiente del daño que ha causado… ¿Quién sufre más? ¿El que hiere o el que es herido?
Sin duda el que hiere.

Piensa que esa persona le gustaría sentirse feliz con su forma de ser, pero su carácter no se lo permite y es más, tal vez es su mejor coraza para defenderse de un mundo cada vez más deshumanizado. Pero aún así, le gustaría ser distinta… Por lo tanto, sufre más que tú.

El amor lo puede todo y transforma todo. Cicatriza heridas, borra huellas de dolor y tristezas, da cabida al perdón, al entendimiento, a la reconciliación, incluso a enviar bendiciones para quien ha sido responsable de sembrar desencanto y dolor en nuestras vidas.
Libera tu alma de toda amargura y muestra entrañas de misericordia para quien te haya herido.

Y es bueno que te preguntes… ¿Nunca has herido a alguien? ¿Te gustaría ser perdonado? Entonces hazlo, primero contigo mismo y luego con los demás. De esta manera, conseguirás no sólo la paz que buscas sino que habrás crecido en el amor y el perdón… y Jesús, presente en cada uno de nosotros te lo agradecerá y te devolverá multiplicadas, todas las bendiciones que pidas por tu agresor.

Siry

lunes, 8 de febrero de 2010

Para considerar.... Esas Pequeñas Cosas que nos haran Felices


ESCRITO POR REGINA BRETT, 90 AÑOS DE EDAD,
DE "THE PLAIN DEALER", CLEVELAND, OHIO...

Para celebrar que envejecía, una vez escribí 45 lecciones que la vida me enseñó.
Es la columna más leída que he escrito.
En agosto cumplí 90 años, así que decidí publicar la columna una vez más:

1. La vida no es justa, pero aún así es buena.

2. Cuando tengas una duda, sólo toma el siguiente paso pequeño que venga.

3. La vida es muy corta como para gastar tiempo odiando a alguien.

4. Tu trabajo no se encargará de ti cuando te enfermes, tus amigos y padres lo harán. Mantente en contacto con ellos.

5. Paga tus tarjetas de crédito cada mes.

6. No tienes que ganar cada discusión. Acuerda en que desacuerdas...

7. Llora con alguien. Te sana más que llorar solo.

8. Está bien enojarse con Dios, ÉL lo puede soportar.

9. Ahorra para tu jubilación empezando desde el primer cheque, y si tienes dinero compártelo con tus amigos que mas estimas, los de la juventud.

10. Cuando se trata de chocolate, resistirse es inútil.

11. ; Haz paz con tu pasado, así no te malogrará tu presente.

12. Está bien dejar que tus hijos te vean llorar.

13. No te compares con otros. No tienes idea del viaje que ellos llevan.

14. Si una relación debe ser en secreto, entonces no deberías estar en ella.

15. Todo puede cambiar con un solo pestañear. Pero no te preocupes, Dios nunca pestañea.

16. Respira profundo. Relaja la mente.

17. Deshazte de todo lo que no sea útil, bonito o alegre.

18. Lo que no te mata, de verdad te hace más fuerte.

19. Nunca es tarde para tener una infancia feliz. Pero la segunda depende de ti y de nadie más.

20. Cuando se trata de ir tras lo que amas en la vida, no tomes un NO como respuesta.

21. Quema las velas, usa los manteles finos, ponte lencería fina. No los guardes para ocasiones especiales, hoy es especial.

22. Prepárate mucho, después anda con la corriente.

23. Se excéntrico ahora. No esperes a ser viejo para usar púrpura.

24. El órgano sexual más importante es el cerebro.

25. Nadie está a cargo de tu felicidad, excepto tú.

26. Etiqueta cada uno de esos llamados desastres con esta frase: "En 5 años, ¿esto importará?"

27. Siempre escoge la vida.

28. Perdona a todo y a todos.

29. Lo que otros piensan de ti no es tu problema.

30. El tiempo cura casi todo. Dale o date tiempo.

31. Por más buena o mala que una situación sea, va a cambiar.

32. No te tomes tan en serio. Nadie más lo hace.

33. Cree en los milagros.

34. Dios te ama por quien eres, no por nada que hayas hecho o dejado de hacer.

35. No audiciones para la vida. Preséntate y haz lo mejor de ella.

36. Envejecer es una mejor alternativa que morir joven.

37. Tus hijos solo tienen una infancia.

38. Todo lo que importa al final es que hayas amado.

39. Sal todos los días. Los milagros están esperando en todas partes.

40. Si todos tiráramos nuestros problemas en una fuente viéramos los problemas del resto, agarraríamos nuestro saco de nuevo.

41. La envidia es una pérdida de tiempo. Ya tienes todo lo que necesitas.

42. Lo mejor está por venir.

43. No importa cómo te sientas, levántate, cámbiate y preséntate.

44. Cede.

45. La vida no tiene un moño encima, pero aún así es un regalo.

Recuerda, los amigos son la familia que nosotros escogemos.

miércoles, 20 de enero de 2010

Una historia de amor


Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres.

Cuando EL ABURRIMIENTO había bostezado por tercera vez,

LA LOCURA, como siempre tan loca, les propuso:

– ¿Vamos a jugar a los escondidos?

LA INTRIGA levantó la ceja intrigada y LA CURIOSIDAD, sin poder contenerse preguntó:

– ¿A los escondidos? ¿Y como es eso? – Es un juego – Explicó LA LOCURA, – en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego.

EL ENTUSIASMO bailó secundado por LA EUFORIA,

LA ALEGRIA dio tantos saltos que terminó por convencer a LA DUDA, e incluso a LA APATIA, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar, LA VERDAD prefirió no esconderse. ¿Para qué?, Si al final siempre la hallaban, y LA SOBERBIA opino que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella) y LA COBARDIA prefirió no arriesgarse… –

Uno, dos, tres… Comenzó a contar LA LOCURA.

La primera en esconderse fue LA PEREZA, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino.

LA FE subió al cielo y LA ENVIDIA se escondió tras la sombra del TRIUNFO, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.

LA GENEROSIDAD casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos, que sí ¿un lago cristalino? Ideal para LA BELLEZA.

Que sí la ¿Hendija de un árbol? Perfecto para LA TIMIDEZ. Que sí el ¿Vuelo de la mariposa? Lo mejor para LA VOLUPTOSIDAD. Que sí ¿Una ráfaga de viento?

Magnifico para LA LIBERTAD. Así terminó por ocultarse en un rayito de sol. EL EGOISMO, en cambio encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo… pero sólo para él.

LA MENTIRA se escondió en el fondo de los océanos (mentira, en realidad se escondió detrás del arco iris) y LA PASION y EL DESEO en el centro de los volcanes. EL OLVIDO… se me olvidó donde se escondió… pero eso no es lo importante. Cuando

LA LOCURA contaba 999.999,

EL AMOR aún no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado…hasta que divisó un rosal y enternecido decidió esconderse entre sus flores. – Un millón – contó LA LOCURA y comenzó a buscar.

La primera en aparecer fue LA PEREZA sólo a tres pasos de una piedra. Después se escuchó

LA FE discutiendo con Dios en el cielo sobre teología y LA PASION y EL DESEO los sintió en el vibrar de los volcanes.

En un descuido encontró a LA ENVIDIA y claro, así pudo deducir donde estaba EL TRIUNFO.

EL EGOISMO no tuvo ni que buscarlo, él solito salió disparado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a

LA BELLEZA y con LA DUDA resulto más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún de que lado esconderse. Así fue encontrando a todos, EL TALENTO entre la hierba fresca, a LA ANGUSTIA en una oscura cueva, a LA MENTIRA detrás del arco iris…(mentira, si ella estaba en el fondo del océano) y hasta EL OLVIDO…que ya se le había olvidado que estaba jugando a los escondidos, pero sólo EL AMOR no aparecía por ningún sitio.

LA LOCURA buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas y cuando estaba por darse por vencido, divisó un rosal y las rosas…

Y tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escucho.

Las espinas habían herido en los ojos AL AMOR; LA LOCURA no sabia que hacer para disculparse, lloró, rogó, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarrillo.

Desde entonces; desde que por primera vez se jugó a los escondidos en la tierra:

EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA SIEMPRE LO ACOMPAÑA

miércoles, 13 de enero de 2010

jueves, 7 de enero de 2010

La Bondad



La bondadQuizás la bondad sea uno de los valores éticos que más apreciamos en los demás y que más nos gustaría que nos rodease por doquier. ¿A quién no le gustaría estar rodeado de gente buena, afable, atenta, alegre, considerada y respetuosa, generosa…? Como todas las virtudes humanas, es en su manifestación a través de los actos donde se define. Todos sabemos reconocer a una persona bondadosa aunque no sepamos definir la bondad y esta se exprese de infinitas formas. La bondad nos envuelve en nuestra vida cotidiana mucho más que lo que apreciamos conscientemente, a pesar de que a veces pueda parecer lo contrario. Ella es la base de todo lo bueno que compartimos, es la que hace posible la convivencia, los bienes civilizatorios y la cultura, la generosidad y el esmero en la búsqueda del bien común que nos humaniza. Es, justamente, su ausencia, el egoísmo a ultranza, el que destruye los tejidos que unen y cohesionan la vida. La bondad es un motor interior que busca el bien en los demás y en nuestro entorno involucrándonos a nosotros mismos. Esa predisposición constante hacia el bien, preocupándose por lo que los demás necesitan, se manifiesta desde el pensamiento, las emociones y los actos, convirtiendo a la persona en un “faro de luz” que emana alegría, seguridad y confianza. Su presencia ilumina, no nos ensombrece. Sembrador del bien, no trabaja con el “¿tú o yo?”, sino con el “nosotros”. Por eso podemos identificar bondad con amor. Resulta difícil imaginar la verdadera bondad sin reconocer en ella humildad, sencillez y respeto hacia la dignidad del otro. La bondad no es prepotencia ni paternalismo que desde la arrogancia se yergue como hacedor y conocedor del bien. Al contrario, la bondad parece tener mucho que ver con la paciencia (que muchas veces la pone a prueba). Un hombre bueno, por lo general, es paciente, largo en sus expectativas, pues concede a los demás la libertad y margen de error que todos necesitamos en la vida. Una cierta seguridad y confianza interior nacen de su profundo sentido de la vida. Esa bondad de raíces profundas va unida a la sonrisa fácil, a la afabilidad y a la ternura. Desde la empatía y la generosidad trata de poner alegría alrededor. La irradiación de alegría y serenidad que produce es fruto de no caer en la superficialidad, de valorar más allá de las exigencias y necesidades de la vida a las personas y a todo lo que nos hace más humanos. Por eso la bondad, la atención, el tacto y la dulzura de carácter que pone de manifiesto, hacen tan fácil la convivencia. A veces podemos objetar que la bondad ciega causa estragos, sobre todo cuando nos empeñamos en ayudar sin saber las consecuencias o sin tener en cuenta la realidad o libertad del otro. ¡Cuántas barbaridades se han cometido bajo la sentencia: “es por tu bien, lo hago porque te quiero”! Por eso la bondad se complementa con el discernimiento y ambos se conjugan dando lugar a la sabiduría. En este proceso la bondad no pierde sus cualidades, sino que amplía otras poniendo luz a su calor natural. También, en ocasiones, nos encontramos ante el dilema de ser buenos o justos. Aunque ya abordaremos en otro momento el tema de la justicia, que de alguna manera debe dar a cada cual lo que le corresponde según su naturaleza y sus actos, ¿por qué tendríamos que separarlos ensombreciendo la justicia con la ausencia de la bondad y viceversa? El amor dulcifica la voluntad y le da formas bellas y afables, además de canalizarla hacia un buen fin. La bondad humaniza la justicia recordándonos que todos somos humanos y que, ultérrimamente, la finalidad de la justicia también es el Bien. Bondad y justicia parece que no solo pueden convivir, sino que deben hacerlo. Siempre me ha resultado muy inspiradora la imagen del modelo de realización como el de aquel ser humano justo, bueno y sabio. Y me pregunto si realmente estos atributos pueden vivir separados para desarrollarse plenamente. Pero tocando el final podemos cuestionarnos: ¿nacemos buenos o nos hacemos buenos? Las modernas neurociencias nos hablan cada vez más de una evidente tendencia en el hombre hacia el bien de los demás como algo innato, arraigado incluso en nuestra biología. Es cierto que hay en nosotros otras muchas tendencias hacia la supervivencia animal que podrían anularla, que conviven en nuestra naturaleza impulsos de toda índole. La complejidad en la vida es un hecho natural que exige de una dirección y armonización que la canalice. Pero la bondad parece que nos hace más humanos. Como todo, podemos cultivar la bondad, cuya raíz parece existir en todos los seres, o dejarla apagarse bajo el peso del egoísmo; alimentar lo que nos humaniza o nos animaliza (con perdón de los animales). Personalmente creo que, en la medida en que tratamos de potenciar las semillas de la bondad en nosotros, las flores que se abrirán en nuestra vida a través de nuestros actos, de nuestras actitudes, nos aportarán cada vez más serenidad y felicidad. Como decía Platón: “Buscando el bien de nuestros semejantes encontramos el nuestro”.